DESCUBRE

Inocencia robada: imprescindibles en el baño

16 enero, 2017

Tras algunos años viviendo en Alemania, casi 5 ya, me he dado cuenta de que he perdido mi inocencia. He perdido la inocencia de llegar «virgen» a un lugar con una cultura distinta a la tuya y sorprenderte por encontrar cosas a las que seguramente no estás muy acostumbrado.

Por eso he decidido iniciar una nueva serie donde compartiré divertidas anécdotas que mis amigos comparten conmigo al llegar por primera vez a Alemania. He decidido «robarle» a ellos su inocencia para recordar situaciones que a todos nos arrancan una sonrisa en cuanto se cruzan dos culturas diferentes.

Pero es importante destacar que, de igual modo que sucede con las anécdotas propias que comparto, que suceda en Alemania no significa que suceda en toooooda Alemania. Merece la pena detenerse en este punto para que no haya malas interpretaciones. Quizá lo sucedido es en el norte del país, en el centro o en el sur, pero es una forma simpática de compartir los choques culturales entre ambas civilizaciones.

Aclarado este punto, quizá tú también te animas a compartir también tu inocencia o «robársela» a alguien para compartirla con nosotros.

Hoy la inocencia se la robo a mi querida amiga Silvia, que la primera vez que vino a Alemania me dijo: «Eli!! Que tengo un congreso en Alemania!! ¿Nos vemos para un café?» Y resulta que el congreso era en Hamburgo y nosotros vivimos en Stuttgart, a unos 642 km {unas 6 horas y 3 minutos en coche}. Como si me fuera de Barcelona a Madrid para tomar un café. Me hubiera salido baratito el café ;D

En el hotel, tras llegar sedienta después de haber participado intensamente en un congreso, se disponía a beber agua en su habitación. Agua había, pero en una botella con chapa.

Mientras se preguntaba dónde «c…» estaría el abre botellas, registró toda la habitación. «Estos alemanes, con lo organizados que son, es imposible que no hayan previsto un abre botellas en la habitación», se decía.

Agotada de tanto buscar sin encontrar el abre botellas, decidió preguntar a sus colegas de congreso. Ellos tampoco lo encontraron. ¡Tenía que beber ya!

No recuerdo cómo bebió agua aquella noche, puesto que el misterio del abre botellas lo descubrieron al final de la semana.

La cuestión es que el abre botellas estaba aquí: en el baño. Al lado del lugar destinado al WC se aprecia un saliente en la pared. Ahí, ¡fijo en la pared e indicando que la cerveza está disponible en la tienda, se encuentra el abre botellas!

Y es que hay necesidades básicas en este país que son imprescindibles hasta en el baño.

¿Tienes tú también una anécdota divertida con tu primera vez en Alemania o en otro país distinto al tuyo? Puedes compartirla a través de los comentarios. Muchas gracias. Vielen Dank!

  • Responder
    Elena Bremen
    16 enero, 2017 a las 15:36

    Jajaa qué buena esta sección.
    Lo del abre botellas me paso algo similar en Holanda.
    Si encuentro algo gracioso para compartir, lo haré.
    ¡A por la semana!

    • Responder
      Elisabet
      18 enero, 2017 a las 20:10

      Gracias Elena!!

  • Responder
    Valentina
    23 enero, 2017 a las 20:39

    Muy buena anécdota!
    Mi primera vez en Alemania, de hecho mi primera noche nunca la olvidaré.
    Llegué de noche, cansadísima y solo con ganas de dormir y descansar. Luego de comer algo me fui a la cama. Mi sorpresa fue grande al ver mi cama solo con una sábana (la de abajo) y algo así como un cobertor encima y nada más! Me pusé a buscar y a mirar para todas partes para ver dónde se había quedado el resto de las cosas que, para mí en ese entonces, formaban el conjunto de una cama bien hecha. Luego de no encontrar nada y por lo agotada que estaba me dispuse a dormir de todas maneras en esa «cama», pero me sentí un poco incómoda. Al día siguiente fui a ver si en las otras habitaciones de la casa donde me estaba quedando las camas estaban igual de «mal» que la mía. Poco a poco me fui dando cuenta de que así era el sistema en este país. Un sistema que ahora me encanta por lo práctico y cómodo! Y que hasta extraño cuando voy de visita a mi país.
    Esa es mi anécdota 🙂
    Saludos desde Wuppertal

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